La metamorfosis de Ovidio (VII, 796-865):

Muerte de Procris

Hasta aquí, y calló: "¿Y en la jabalina propia, qué crimen hay?", Foco dice. Y de la jabalina así los crímenes recontó él: "Nuestros goces el principio son, Foco, de nuestro dolor: ellos antes te contaré. Agrada, oh, acordarse de ese feliz tiempo, Eácida, en el que durante los primeros años, como es rito, con mi cónyuge era feliz, feliz era ella con su marido. Una mutua inquietud a los dos y un amor común nos tenía, y ni de Júpiter ella a mi amor los tálamos preferiría, ni a mí que me atrapara, no si Venus misma viniera, alguna había. Iguales abrasaban llamas nuestros pechos. Con el sol apenas con sus radios primeros hiriendo las cumbres de caza a las espesuras juvenilmente ir yo solía, ni conmigo sirvientes ni caballos ni de narinas acres ir perros, ni los linos nudosos seguirme solían: seguro estaba con la jabalina. Pero cuando saciado de matanza de fieras mi derecha se había, regresaba yo al frío y las sombras, y, la que de los helados valles salía, aura. Esa aura buscaba lene en medio yo del calor, esa aura ansiaba, descanso era ella para la fatiga. "Aura", pues, recuerdo, "vengas tú", cantar solía, "y a mí me confortes y entres en los senos, gratísima, nuestros y, como haces, volver a aliviar quieras, con los que ardemos, estos calores." Quizás añadiera –así a mí mis hados me arrastraban– ternuras más, y: "Tú para mí gran placer", decir habría solido, "tú me repones y alientas, tú haces que las espesuras, que ame estos lugares solos: el aliento este tuyo siempre sea buscado por mi boca." A estas voces ambiguas engañado oído prestó no sé quién, y el nombre del aura, tan a menudo invocado, ser cree de una ninfa, a una ninfa cree que yo amo. Al instante, de ese crimen fingido temerario delator, a Procris acude y con su lengua refiere los oídos susurros. Crédula cosa el amor es. Por el súbito dolor desvanecida, según a mí se narra, cayó, y tras largo tiempo reponiéndose, desgraciada ella, ella de un hado inicuo se dijo y de mi fidelidad se lamentó, y por un crimen incitada vano, de lo que nada es tuvo miedo, tuvo miedo sin cuerpo de un nombre, y se duele la infeliz como de una rival verdadera. Muchas veces aun así duda y espera, desgraciadísima, engañarse y de la delación la veracidad niega y, si no los viera ella misma, de condenar no ha los delitos de su marido. Las siguientes luces habían ahuyentado de la Aurora a la noche. Salgo y a las espesuras acudo, y vencedor por las hierbas: "Aura, ven", dije, "y nuestra fatiga remedia", y súbitamente unos gemidos entre mis palabras me pareció, no sé cuáles, haber oído: "Ven", aun así, "la mejor", mientras yo decía, una fronda caduca un leve crujido de nuevo al hacer, consideré que era una fiera y mi dardo volátil le lancé. Procris era, y en medio sosteniendo de su pecho su herida: "¡Ay de mí!", clama. La voz cuando fue conocida de mi fiel cónyuge a su voz en picado y amente corrí. Medio muerta y sus asperjadas ropas ensuciando la sangre, y sus regalos, triste de mí, de la herida sacando la encuentro, y su cuerpo, que el mío para mí más querido, con codos blandos levanto y desgarrándome desde el pecho la ropa sus heridas salvajes ligo e intento inhibir el crúor, y que no a mí, por la muerte suya abominable, me abandone, le imploro. De fuerzas ella carente y ya moribunda se obligó a estas pocas palabras decir: "Por los pactos de nuestro lecho y por los dioses suplicante te imploro, por los altísimos y los míos, por lo que quiera que he merecido de ti bien y por el que permanece ahora también, cuando muero, causa para mí de muerte, mi amor, en los tálamos nuestros que Aura entre no toleres como esposa", dijo, y el error entonces por fin que había de un nombre sentí y le mostré. ¿Pero qué mostrarlo ayudaba? Se resbala y sus pocas fuerzas huyen con su sangre, y mientras algo mirar puede, a mí me mira y en mí su infeliz aliento, y en mi boca, exhala. Pero, por su semblante mejor, morir tranquila parece."

* Brisa es la personificación en ninfa de Aura


Photo: Aran Rodríguez.

Metamorphoses. Ovid (VII, 796-865):

The death of Procris

Phocus, my happiness was the beginning of my sorrow, and I will speak of happiness first. Son of Aeacus, what a joy it is to remember that blessed time, when, in those early years, I was delighted, and rightly so, with my wife, and she was delighted with her husband. We two had mutual cares, and a shared love. She would not have preferred -Jupiter's bed to my love, and no woman could have captured me, not if Venus herself had come there. An equal flame burnt in our hearts. Just after dawn, when the first rays struck the hilltops, full of youthfulness, I used to go hunting in the woods. I used to take no servants, or horses, or keen-scented hounds, or knotted snares. I trusted in myspear. But when my right hand was sated with the slaughter of wild creatures, I would return to the cool of the shade, and the breeze, Aura , out of the chill valleys. I courted the breeze, gentle to me, in the midst of the heat: I waited for aura: she was rest for my labour."Aura (Indeed, I remember) I used to call "Come to me, delight me, enter my breast, most pleasing one, and, as you do, be willing to ease this heat I burn with!" Perhaps I did add more endearments (so my fate led me on). "You are my greatest pleasure" I used to say. "You revive me, and cherish me. You make me love the woods and lonely places. It is always your breath I try to catch with my lips." Someone, I dont know who, hearing the ambiguous words, represented my speech as a betrayal, and thought the word Aura I called so often, was the name of a nymph, a nymph he believed I loved. Immediately the unthinking witness went to Procris with the tale of my imagined disloyalty, and whispered what he had heard. Love is a credulous thing. Overcome with sudden pain, they tell me that she fainted. After a long time she revived, weeping for herself, calling her fate evil. She complained of my faithlessness, and troubled by an imaginary crime, she feared what was nothing, feared a name without substance, and grieved, the unhappy woman, as though Aura were a real rival. Yet she often doubted, and hoped, in her misery, that she was wrong, declaring she would not believe it, and unless she witnessed it herself, would not condemn her husband as guilty of any crime. Next morning, when Dawn's light had dispelled the night I left to seek the woods, and, victorious from the hunt, lying on the grass, I said "Aura, come and relieve my suffering!" and suddenly, amongst my words, I thought I heard someones moan. "Come, dearest!" I still said, and as the fallen leaves made a rustling sound in reply, I thought it was a wild creature, and threw my spear quickly. It was Procris. Clasping the wound in her breast she cried out Ah, me! Recognising it as the voice of my faithful wife, I ran headlong and frantic towards that voice. I found her half-alive, her clothes sprinkled with drops of blood, and (what misery!) trying to pull this spear, her gift to me, from the wound. I lifted her body, dearer to me than my own, with gentle arms, tore the fabric from her breast, and bound up the cruel wound, trying to stem the blood, begging her not to leave me, guilty of her death. Though her strength was failing, and even though she was dying, she forced herself to speak a little. "By the bed we swore to share, by the gods that I entreat, those that are above, and those that are of my house, by any good I have deserved of you, and by the abiding love, that still, while I die, remains, that is itself the cause of my death, do not allow this Aura to marry you in my place!" She spoke, and then I knew at last the error of the name, and told her. But what was the use of telling? She wavered, and the little strength she had ebbed away with her blood. While she could still gaze at anything, she gazed at me; and to me, and on my lips, breathed out her unfortunate spirit. And her look seemed easier then, untroubled by death. The hero, weeping, had told this sorrowful tale, when, behold, Aeacus with his two sons, and their newly enlisted men, whom Cephalus then accepted, with all their heavy armour.

* Brisa is the personification in nymph of Aura.

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